En septiembre se habla mucho de cómo lo llevan los niños y bastante poco de cómo lo llevan sus padres. Va por vosotros.
Lo que nadie pone en la foto del primer día
Las reuniones de curso que duran una hora para decir lo que cabía en un correo. Las madres y los padres de los amigos que te paran a la salida para contarte algo que ha pasado y que tú no sabías. Las peleas de los críos por cosas que a ti te parecen minúsculas y que a ellos les importan de verdad.
Las tardes de lluvia en las que tu hijo y tú os subís por las paredes, precisamente por estar entre cuatro paredes. El tráfico de las ocho y media. Y la reprogramación diaria que hay que hacerse para no volverse loco con esta vida de padre que, además, has elegido tú.
Que cueste no significa que lo estés haciendo mal
Esto es importante y se dice poco: la mayoría de los padres que llegan a consulta llevan meses convencidos de estar fallando, y lo que tienen no es un problema de capacidad, es agotamiento. Un adulto cansado tiene menos paciencia, y con menos paciencia todo se complica más. No es un defecto de carácter.
Cuidarse no le quita tiempo a tus hijos: se lo da. Dormir, tener un rato propio a la semana y no llegar al viernes en la reserva no es egoísmo, es mantenimiento.
Y lo que compensa
Ver a tu hijo sonreír cada mañana al encontrarse con sus amigos. Verlos absorber como esponjas lo que les enseñan. Y darte cuenta, a pesar de lo dura que es la vida de padre o madre, de lo satisfactorio que es ser parte indispensable de su aprendizaje.
Si te has reconocido en esto, podemos hablarlo.
o al 653 672 842
Cuándo pedir ayuda
Cuando en casa se discute por costumbre, cuando has probado premios, castigos y quitar cosas y ya no queda nada que quitar, o cuando tú y tu pareja no os ponéis de acuerdo en cómo llevarlo y eso ya es otro problema. Se trabaja con pautas concretas, y no sólo con el niño: lo tienes explicado en conducta infantil.


