Hay épocas en las que la cabeza se estrecha: le das vueltas a lo mismo, ves una única salida y encima te parece mala. No es falta de imaginación. Suele ser cansancio, y miedo a equivocarse.
1. Escríbelo, aunque sea mal
Un pensamiento dentro de la cabeza crece y se mueve; escrito en un papel se queda quieto y se puede mirar. Escribe la frase exacta que te repites. Casi siempre, leída fuera, resulta más absoluta de lo que tú creías: siempre, nunca, nadie, todo.
2. Busca la tercera opción
Cuando sólo ves dos salidas y las dos son malas, normalmente el problema es el marco, no las salidas. Obligarte a escribir una tercera, aunque te parezca ridícula, suele abrir la cuarta y la quinta. No hace falta que sean buenas: hacen falta para romper el bucle.
3. Cámbiate de silla
Pregúntate qué le dirías a un amigo en tu situación. Casi todo el mundo es mucho más sensato y mucho más amable con los demás que consigo mismo, y esa diferencia es información: te está diciendo que no estás juzgando el problema, te estás juzgando a ti.
4. Dale permiso a equivocarte
El bucle se alimenta de la exigencia de acertar. Una decisión tomada al 80 % y revisable suele ser mejor que una decisión perfecta que no llega. Y casi ninguna elección real es irreversible, aunque desde dentro lo parezca.
Si te has reconocido en esto, podemos hablarlo.
o al 653 672 842
Si el bucle no se va
Cuando esto se convierte en el estado normal —no puedes parar de anticipar, no duermes por darle vueltas, empiezas a evitar decisiones— es cuando conviene trabajarlo con alguien. Es una de las cosas más agradecidas de la terapia cognitivo-conductual: se aprende a discutir con los propios pensamientos en vez de creérselos. Lo tienes en ansiedad e insomnio.



